Crónicas de Holanda: Ámsterdam, la ciudad de la Libertad.

Con la resaca por la adrenalina que había recibido en Walibi aun palpitando en mi cabeza me desperté. El día prometía, y mucho, la visita más esperada de todas las vacaciones se aproximaba, tocaba visitar Ámsterdam.

El tiempo que he tardado en escribir las Crónicas de mi viaje a Holanda ha sido en gran parte porque aún me cuesta rememorar una de las mejores vivencias que he tenido y aún así, las palabras se me agolpan en la mente cuando trato de describir como me sentía en aquellos momentos

Ámsterdam, la ciudad de la libertad.

Mientras tomaba el desayuno, que este día decidimos que iba a ser algo especial, y de hecho lo fue. Desayunamos una bomba de chocolate, rellena de una crema holandesa magníficamente dulce. Gran cantidad de calorías para un día movido.

La ciudad que me disponía a visitar había sido fundada (según la leyenda) por un par de pescadores que llegaron a las orillas del rio Ámstel, allá por siglo XII junto a su perro.

La tradición nos habla de una autentica ciudad, símbolo de la tolerancia y las libertades, lo que nos idealiza el sentido de que Ámsterdam es lo que debería ser Europa.

La tolerancia hacia los gais, la prostitución, y las leyes que en muchos países están prohibidas (aborto, eutanasia…) en Ámsterdam encuentran su hueco donde todo el respeto a las culturas y las identidades de cada uno tocan la cima, por eso para mí es la ciudad más libre de la vieja Europa.

Caminar por sus calles junto a los canales, se convierte en actividad necesaria si tu pasión es viajar no puedes dejar de visitarla, porque no visitar La ciudad de la Libertad, es perder una de las oportunidades de tu vida.

Las ciudades las conforman sus gentes y aquí en la capital de Holanda, es uno de los mejores lugares del mundo para conocer a magnificas personas, que buscan un entorno agradable y divertido donde pasar unas jornadas de sus vacaciones, o incluso los propios habitantes locales, tan acostumbrados al trasiego de turistas que son extremadamente educados y hospitalarios

 Un paseo por los canales.

Al llegar a Ámsterdam, nada más poner un pie en la estación te das cuenta de lo que significa visitar la capital de los países bajos, nubes de turistas bajan de los trenes en dirección a la ciudad, nubes de extranjeros mezclados con aquellos que se dirigen a sus trabajos.

Lo primero que debes hacer cuando llegas a la ciudad es dejar tu equipaje en las taquillas habilitadas en la estación, pues para ir por Ámsterdam es mejor ir ligero.

Al pisar la calle por primera vez las vistas desde Ámsterdam Centraal, te ofrecen una visión de la ciudad que nos e asemeja a nada de lo que has visto anteriormente, tan solo cuando te giras y ves la estación puedes decir que estas en Ámsterdam.

Es justo aquí dónde por unos 16 euros, puede comprar un billete que te convierte en uno de esos pescadores de los que hablaba, y los cuales han transformados sus barcos de pesca en transporte de pasajeros, para ofrecernos unas vistas de la ciudad tan maravillosas como necesarias.

Mientras cruzas los canales en esa barca te das cuenta del ingenio de estos hombres y mujeres del norte, que han ido transformando la ciudad poco a poco, ganándole terreno al mar, a ese mar del Norte que ha forjado las personalidades de estas personas.

Cruzando los puentes de la Venecia del Norte, te vas haciendo a la idea de lo que en realidad es y ha sido una de las ciudades fetiches de muchos viajeros, que han encontrado aquí un lugar perfecto para ser Libres.

La Casa de las cervezas.

Hablar de cervezas en Holanda es hablar de Heineken, la casa de la cerveza Heineken ofrece una experiencia sensorial a todos sus visitantes, poco a poco te adentras en la historia de Heineken y como consiguió poner a su fábrica en lo más alto, posición que aún mantiene a nivel mundial.

Cuando entras por primera vez en la factoría, el olor del lúpulo y la cerveza fermentando ataca tu olfato, mientras el fabricante de cervezas te explica la historia y ves poco a poco como se ha ido creciendo.

Al llegar a las salas donde las fermentaciones se producen, contemplas lo que puede ser una de las mayores factorías de cerveza del planeta, con todos esos alambiques y recipientes de cobre que aún conservan ese aroma a vieja escuela.

Al probar el primer proceso, aunque debo decir que esta malísimo, empiezas a comprender todo el trabajo que hay detrás de una cerveza como Heineken.

Por último, y en la experiencia interactiva, descubres en tus propias carnes la totalidad del proceso, pues la interactividad a la que te ves sometido mientras escuchas la proyección hacen que formes parte de esa cerveza que catarás justo unos momentos más tarde, después de haber sido mojado, tostado, centrifugado y reposado, es hora de una buena cata.

Nunca os habéis preguntado ¿para qué sirve la espuma de la cerveza? Pues la verdad es que protege la cerveza de su oxidación y así hace que siga conservando las propiedades mientras la disfrutas a cada trago.

Esa fue una de las lecciones que el barman de Heineken nos explicó mientras degustábamos una cerveza en la barra.

Justo después subimos a la terraza ya que hacía muy buen tiempo y allí nos tomamos otras dos cervezas acompañadas de una barbacoa, esas cervezas nos supieron como si le robáramos a los dioses un trocito de su mejor bebida, allí, encima de la fábrica, mientras contemplábamos la ciudad, nos sentíamos verdaderamente dueños de nuestro destino.

Entre bares y música.

Aunque los atractivos de Ámsterdam puedan ser otros o la gente lo piense así, os digo que una de las mejores vivencias que tuve en esta magnífica ciudad fue la de visitar sus bares marrones, muchos de ellos levan allí desde hace mucho tiempo, otros sin embargo se les nota un aire fresco, nuevo, recién construidos o remodelados.

La experiencia de compartir unas bebidas con los locales que se sientan a tomar el sol en las terrazas de la ciudad es algo que no os podéis perder, el estar sentado en uno de esos bares construidos en las casas inclinadas de la ciudad es algo poco reproducible con palabras.

Escuchando la música tradicional holandesa en pleno centro de Ámsterdam, mientras los turistas se agolpan entre los paseos de los canales es una gran oportunidad para entablar conversación y conocer un poco más esa cultura alegre que aprovecha los ratos de sor para vivir felices en esta pequeña ciudad.

Barrio Rojo hogar de Coffeshops y Burdeles.

El momento más extraño lego cuando mis pies ya cansados se adentraron en el Barrio Rojo de Ámsterdam, mientras la fina lluvia volvía a hacer acto de presencia, las luces de los escaparates del Red Light District comenzaban a centellear, miles de personas caminaban sin sentido, por las zigzagueantes calles de este famoso barrio, mientras las chicas, se exhiben en las ventanas, intentando captar la atención de os clientes.

Aun sabiendo que es legal y que muchas de esas chicas que están allí se encuentran por voluntad propia, sé que no todo el monte es orégano ni que todo esta tan claro como el color sobre el que es pintado, pues intercambiando unas palabras con una de las chicas, me confesó que aún existe ese mercado negro, que a ojos del turista no se aprecia, pero que mucha de esas chicas aún tienen chulo que las maneja.

Cuando la vorágine de personas repetía el trayecto de vueltas por el Barrio Rojo, algunos para entrar, otros simplemente por seguir viendo a las prostitutas en las ventanas, mis pasos iban hacia uno de esos coffeshops a seguir imbuyéndome en los atractivos de la ciudad.

The Bulldog coffeshop es una cadena, algo así como el McDonald’s de los porros, y bueno, es bien sabido que se están haciendo con todos los locales de la ciudad, tan solo tienes que pasear por ella para ver cuantos locales tienen.

Al entrar el suave olor de la grifa te golpea en la cabeza, mientras observas con irreconocible impresión la cantidad de clases de marihuana y sus productos que se venden allí, al igual que en un restaurante van acompañados de su carta de precios.

Sentarte en la barra mientras tomas un batido o un té con la música de Bob Marley sonando por los altavoces y entre tus dedos un bastoncito humeante de cannabis te hace pensar en el porqué de la prohibición de esta droga en el mundo. Mientras escuchas las risas y compruebas que en realidad no es tan malo el lobo como lo pintan, buceas en tu mente hasta encontrar ese recodo de inspiración y felicidad que te hace salir de allí con una sonrisa en la cara.

El broche de oro.

El Broche de oro a Ámsterdam se le pone saliendo por la noche a visitar alguno de los locales de marcha más conocidos de la ciudad, y en verdad hay muchos.

Para terminar nos reunimos con unos amigos a los que yo ni siquiera conocía, pero pude comprobar lo rápido que puedes sentirte integrado en Ámsterdam, tras unas breves conversaciones, un par de cervezas y algún que otro baile en la pista, aquellos desconocidos se convirtieron en algo más, incluso pasamos toda la noche de club en club, disfrutando del ambiente y de las charlas.

Los locales en la ciudad de la Libertad son bastante agradables, y el ambiente es acogedor, pero los precios se disparan sobremanera cunado cambiar la cerveza por algo un poco más fuerte, Un cubata ale alrededor de 16 euros, y encima te lo dosifican.

Pero bueno lo más importante es compartir esas noches con esa maravillosa gente que siempre llevare en el recuerdo.

Punto final

Despertar en esta ciudad es algo maravilloso, mientras en lo alto de una de esas casas ves como Ámsterdam vuelve a la vida, sientes que te has dejado un poco de tu alma en esta ciudad y a la vez contemplas como tú le has robado un poco de la suya.

Mientras caminaba hacia la estación de nuevo, volvía la vista atrás recordando uno de los mejores días que he pasado en toda mi existencia y al cruzar por la plaza Daam, una promesa salía de mis labios, la cual compartía con mi compañero de viaje Hans y su novia Eva:

“Volveré pronto, esta ciudad es la ciudad de la libertad, la ciudad en la que alguna vez quisiera pasar más de un día, quien sabe si es la ciudad donde ir a vivir justo antes de marcharme tras la llamada de la parca”

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