Crónicas de Holanda: La Haya, ciudad de la paz y la justicia

La Haya, el comienzo de mi visita a Holanda:

Era un día frio de verano, uno de esos días raros que aparecen en mitad de Agosto. Cuando desperté, comprobé por mí mismo que el sueño se había convertido en realidad, estaba en otra casa, otro País. Por fin comenzaba la aventura.

Salimos de casa con un sol radiante, directos a la estación de tren, pero primero paramos a desayunar algo nuevo, diferente. No sabía si mis papilas estarían preparadas para degustar estos nuevos sabores, pero lo que si sabía es que mi mente sí lo estaba. Nada más abrir la carta, supe inmediatamente lo que pedir, y a pesar de no entender el idioma, el nombre me llamó la atención, rosbeef met pindakaas (carne de ternera con queso de cacahuete, una mezcla entre Europa y las antiguas colonias) welkom Nederland

Bien comido, me dirigí a tomar el tren que me llevaría al destino que me había preparado para hoy, cansado de verlo por el cristal líquido de mi ordenador y la televisión, ya estaba a solo 40 minutos de él.

Las gotas de lluvia me golpeaban en la cara nada más bajar del tren, como dándome el aviso que el clima del lugar es cambiante, tanto, que ver el sol a veces es el mejor momento para sentarse en una pequeña placita tomar de una cerveza bien fría, de esas que te enganchan hasta el alma.

Quizás ese sea el carácter de estas ciudades, que han tenido que adaptarse a los cambiantes tiempos que han sufrido y sin saber muy bien cómo, han conseguido que esa mezcla de lo moderno con lo histórico, lo antiguo y lo nuevo, se complementen de tal manera que incluso esas mismas ciudades han llegado a cambiar el carácter de las gentes que en ellas viven.

Esa mezcla perfecta la encontramos en la Haya, la ciudad de la paz y la justicia, Al alzar la vista más allá de los muros de la estación, ante tus ojos se alzan los gigantescos edificios gubernamentales, esos que son necesarios para el buen funcionamiento de un país. Al mismo tiempo, al mirar cada vez más abajo, contemplas a esas pequeñas construcciones estrechas y de madera que forman los cálidos hogares de esta gente del norte.

La lluvia, débil pero incesante me estaba acompañando todo el camino, mientras una fila de personas caminaban a mi lado dispuestas a comenzar su rutina diaria, esa a la que todavía no me había acostumbrado, cuando el imparable reloj marcaba las 12 de la mañana, ya en mi estómago se oía la inevitable llamada del instinto, y era aquí, en esta ciudad donde iba a probar uno de los platos más típicos de los neerlandeses, El herring, ese arenque crudo(más bien esta ahumado) que es de tan difícil sabor para el paladar extranjero que incluso tienen que mezclarlos con encurtidos, y la verdad es que entre la lluvia, y el pescado, me empecé a sentir como Gollum en el señor de los anillos, y  a la vez la sensación de coger ese pescado con la mano y comértelo como los lagartos de V se comían a los ratones era incluso hasta agradable.

Tal vez fuera el hambre que tenía, o que en verdad mis ganas de probar todo lo que los países bajos ofrecían al visitante, que no comí solamente uno, si no que fueron dos los arenques de los que por qué no decirlo, hasta estaba disfrutando.

Clásico almuerzo holandés, que procede de unos orígenes vikingos  tan marineros que incluso el terror de los mares se hacía llamar en Holandés errante, tal vez ese pequeño arenque refleje más de Holanda que lo que se nos ha acostumbrado a ver.

Binnenhof, El complejo del Parlamento:

Nunca imaginé en mi mente que encontraría un lugar que estuviera tan bien organizado, donde la democracia es tan real, y las instituciones están tan coordinadas que hasta me producían un sentimiento de envidia. La culminación de este sentimiento, fue cuando mis pies atravesaron el Binnenhof, el parlamento más antiguo en funcionamiento se mostraba ante mis ojos, como si de una de las historias de Camelot se tratase, los edificios antiguos y las grandes salas me acercaban más si cabe a esa imagen de lo que debe ser un parlamento, una historia, una mesa redonda con aires actuales. El antiguo castillo de los condes de Holanda se había convertido en el lugar sobre el que se basa todo en Holanda, e incluso la sala de los caballeros (otro nombre que me retraía a una época diferente) donde el Rey pide cuentas al gobierno se hallaba en el centro de todo, como el castillo del señor feudal que se ha reinventado con el paso del tiempo.

Pero, como no todo en el mundo, también La Haya esconde una parte oscura, esa parte que incluso me hizo sentir inseguro y a veces en peligro. La tenue tristeza de visitar el Barrio Rojo, donde al contrario que en otros más famosos, las chicas no están tan risueñas, mientras unos viejos pervertidos las contemplan desde el otro lado de la calle.

Museum de Gevangenpoort: Museo de la puerta de los prisioneros. 

Con ganas de seguir sumergiéndome en el oscuro submundo de los seres humanos, y dejando atrás las callejuelas estrechas di con mis narices en el Gevangenpoort Museum, o el museo de la puerta de los prisioneros, volviendo a una época más oscura y triste, la época medieval, donde los prisioneros eran torturados hasta la extenuación, para conseguir confesiones que no eran otra cosa que los que los torturadores querían.

Aquí, fue donde conocí la historia de Willem, un cosnpirador que acabó siendo descuartizado, vendido y devorado por los habitantes de la ciudad, trágico ¿verdad?, pues así fuimos los europeos no hace tanto tiempo.

 

Madurodam: Una Holanda en Miniatura

Después de salir de la visita a la edad media, tenía que visitar algo más alegre, y entonces decidí sentirme como Gulliver, y me acerqué a visitar las maquetas de los edificios más emblemáticos de Holanda, y encontré Madurodam, las recreaciones congregan a los residentes y turistas creando el ambiente perfecto para conocer gente e imaginar las siguientes visitas por este formidable lugar.

Patios escondidos de La Haya. 

Ya casi sin tiempo de seguir disfrutando de la ciudad de la justicia, necesitaba un respiro, alejarme un poco de las abarrotadas calles y pasar por algo un poco más tranquilo, fue entonces cuando los descubrí, los patios escondidos de la haya, unos lugares tranquilos donde contemplar los jardines diseñados por los habitantes de las casas, unos lugares que los Holandeses adoran, por que como dije antes, el clima es tan cambiante que a estos norteños les encantan los días soleados, y que mejor que pasar estos tiempos, disfrutando de una buena cerveza o te sentado en tu propio jardín.

 

Nunca un adiós, siempre un hasta pronto:

Sin poder evitarlo, la noche amenazaba con sorprenderme por las calles de la ciudad regia, así que sin más dilación volví a buscar la estación, y no sin antes volverme a echar un último vistazo a esa maravillosa ciudad, me monté en el tren para volver a la ciudad de Arnhem, recordando con melancolía el día tan fabuloso que me había regalado la ciudad de La Haya, la ciudad de los Reyes.

Con esta vista de la estación me despedí de Den Haag, para continuar mi viaje por los paises bajos, Hasta el proximo post donde os hablaré de Arnhem, una de las mejores ciudades para vivir.

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