El Perro Viejo: Nuevo descubrimiento del gastronomicón

Hola amigos de Turviaje, ya hace algún tiempo de mi último artículo en la sección de El Gastronomicón, por eso quiero volver a publicar algo sobre mi visita a uno de los locales de moda de Sevilla, El Perro viejo.

Suele pasar que de vez en cuando, encuentras uno de esos lugares en los que comer es una auténtica maravilla, un placer del que disfrutamos y como ya he mencionado varias veces si es en compañía mucho mejor y eso es lo que busco en esta sección del Gastronomicón.

Cuando decidí volver a Sevilla por segunda vez (algo que va a ser muy habitual en este 2018, recordando que la ciudad es destino turístico este año y que me quedan muchas cositas que descubrir) lo comenté en el post anterior que hay lugares en los que no repetirías, pero Sevilla no es uno de ellos.

En esta ocasión después de visitar Itálica, de haberme levantado tempranísimo para aprovechar la jornada y de haber paseado por la ciudad de Sevilla, era tiempo de llenar el estómago con una gran comida, una comida pantagruélica (siempre quise usar esta palabra).

Todo comenzó con una charla y un debate hacia donde queríamos ir, que queríamos probar y cuál era el objetivo que teníamos para pasar el gran día, así que después de decidir el sitio y ya que había estado comiendo en otro de los lugares más recomendables de Sevilla: Torres y García.

Creo que no me equivoco en decir que la gastronomía en las grandes ciudades se está basando en los grupos, es decir, un grupo de socios se unen entre ellos y comienzan a construir una cadena de restaurantes con una temática básica pero que en realidad tienen un hilo conductor común.

En estos grupos la gastronomía comienza con la cocina tradicional fusionada, casi siempre con aires asiáticos o sudamericanos lo que convierte a este nueva cocina en algo que realmente mola mucho cuando vas a degustar esos platos (atención lo llamo degustar porque me encanta probar sabores nuevos, para mi comer es un placer, pero comer lo hago en mi casa porque es la actividad necesaria para vivir).

Es por eso que nuestras ciudades están alcanzando nuevas cotas en la restauración, nuevos objetivos orientados al turismo que influyen mucho en la forma que tenemos de comer fuera y de concebir los nuevos sabores en un mundo altamente globalizado.

El Perro viejo.

Después de esta breve introducción en la que reflejo mi opinión única y exclusivamente vamos a lo que en realidad tiene sentido en este post.

El perro viejo es uno de esos restaurantes de los que hablo en esos renglones un poco más arriba, controlado por un grupo de socios, su carta es una mezcla de cocina rustica tradicional y nuevos sabores de otras tierras, que merece un hueco en el Gastronomicón.

Y eso se refleja perfectamente en la fusión de platos que tienen en su carta. Pero primero vamos a ver el restaurante.

Situado en el centro histórico de Sevilla, justo al lado de la universidad de bellas artes (en un pequeño callejón que está en frente) el lugar en el que se ubica es una antigua casona sevillana, cuyo exterior aún conserva esa estética antigua que le da un aire señorial.

Cuando llegas al restaurante y ves todas las mesas ocupadas piensas que es un sitio agradable donde comer y aunque nunca me fijo mucho en esas cosas sabemos todos lo del síndrome del restaurante vacío.

Al entrar en el restaurante todo cambia, la decoración es moderna y minimalista, todo envuelto con listones de madera posee varios lugares en los que tomar una copa y disfrutar de algunas tapas, con sus barritas laterales y las pequeñas mesas donde compartir con los amigos un buen rato.

Justo en el centro de la estancia nos encontramos un olivo sembrado, como recordando el patio que hubo allí no hace muchos años. El restaurante en si tiene tres plantas, las cuales están bien distribuidas en comedores y tiene algunos rinconcitos muy interesantes para pasar un buen rato.

El ambiente en El Perro Viejo es ideal, lleno de gente de mediana edad y jóvenes que buscan un lugar fresco en el que tomarse unas cañas, unos vinos y tapear mientras disfrutan de la compañía de sus amigos, en ese sentido el local es verdaderamente bueno.

El Servicio.

Bueno amigos como ya sabéis soy muy sincero y no puedo dejar pasar ningún tipo de circunstancia que ocurra, con la cual yo no estoy de acuerdo.

Primero el llegar al restaurante tuvimos que coger número, en parte eso era normal porque el restaurante estaba lleno hasta la bandera y al no disponer de reserva lo más normal es esperar, pero teniendo en cuenta que había bastante gente en la puerta del restaurante pues decidimos esperar un poco (una media hora o así) cosa que no me importaba siempre y cuando pudiera disfrutar de mi copa de vino en la calle.

El problema vino cuando estábamos esperando y una mesa se levantó, en  ese instante dos personas que pasaban por la calle se sentaron y ni cortos ni perezosos los camareros se pusieron a atenderles.

Ante las repetidas quejas de los clientes (nosotros incluidos) el encargado salió a darnos las explicaciones oportunas que aunque no convencieron a nadie ellos siguieron a lo suyo y nosotros cabreados a lo nuestro.

Isabel y Matt como conocían el lugar me comentaron “no nos vamos por que la comida merece la pena” y yo claramente les hice caso pues las expectativas eran altas.

La Carta.

Como he comentado anteriormente, la carta de El Perro Viejo es muy variada, y posee tanto raciones como tapas, por lo que es un sitio estupendo tanto para comer como para compartir. El precio en mi sincera opinión no es muy caro, ya que por unos 20 euros/persona podéis comer 4 comensales bastante bien, sin llegar a llenarte pero estar bien comidos (esto incluye la bebida).

Aunque no tienen un menú tipo, podéis configurar las opciones según os apetezca. En la carta tienen gran variedad de productos que van desde las sopas frías como el salmorejo a las carnes a la brasa, pasando por los pescados, y todo ello según tu gusto, puedes elegir lo más tradicional o platos que combinan sabores de diferentes partes del mundo.

Nuestra selección.

Que mala suerte tener que elegir jejejeje, pero bueno no podíamos comernos todo lo que había en la carta claro.

Antes de Comer.

Empezamos la comida degustando unas ostras, como las clásicas ostras ya las habíamos probado, decidimos comernos unas con salsa ponzu y con sus perlas.

Una maravilla, estaban increíblemente bien condimentadas y la salsa era una pieza clave que les realzaba el sabor sin dejar de saber a ostra.

Las ostras estaban realmente frescas y fue un placer degustarlas en El Perro Viejo en compañía de mis grandes amigos.

Platos fuertes.

Como estábamos 4 para comer decidimos pedir un plato cada uno y probar un amplio rango de las propuestas de El Perro Viejo, como es habitual suelo dejar decidir a los demás porque me gusta, además de probar las cosas que me llaman la atención, comparar mis gustos con los de mis acompañantes.

Pollo Yakitori.

Empezamos con un pollo yakitori con trigo burglur salteado y salsa de ají que quitaba el hipo, estaba realmente delicioso y no puedo dejar de mencionar la presentación de los platos.

El pollo estaba súper jugoso, nada reseco y la combinación de salsas era casi idílica, destacando la suntuosidad de la salsa de ají que junto al estilo el pollo yakitori hacían de la simplicidad del plato una obra de arte en sí misma.

Tartar de Presa ibérica.

El siguiente plato fue un Tartar de presa ibérica con causa peruana y crema de aguacate. La causa peruana, para quienes (como yo hasta este día) no la conozcáis, es una especie de crema de patata amarilla que condimentada con ají, huevo cocido, palta y aceitunas negras tiene una textura suave y cremosa, aunque en esta preparación del tartar contaba con menos ingredientes que los tradicionales debido a que era un simple acompañamiento.

En cuanto al aguacate, la combinación con la presa y la causa es muy buena, porque a las texturas cremosas le aporta un toque vegetal que aunque puede resultar demasiado cremoso o incluso graso es realmente rico.

La presa bien condimentada y con el toque perfecto en cuanto al picado se refiere, un buen producto que suma al plato sin parecer demasiado presuntuoso.

Al llegar el plato y verlo puede parecer que lleva un exceso de rúcula, incluso a mí me lo pareció en un primer momento pero, teniendo en cuenta que todos los ingredientes son extra cremosos y llenos de untuosidad, ese toque verde y crujiente completa el plato. En definitiva no es para un 10, pero si para un 7.

Gyozas de Pollo Japo-Mexicano

Este plato ya lo había probado en otros lugares con un resultado bastante bueno, es uno de los platos que me encanta pedir para tapear mientras me tomo una cerveza o una copa de algún vino como siempre de la tierra.

En esta ocasión las gyozas de pollo estaban crujientes y sabrosas, con un relleno que era agradable al paladar y ese toque mexicano que con el poquito de picante realzaba el sabor del plato.

El poco acompañamiento de verduras que tenia se veía compensado por la delicadeza de las gozas y las salsas, las cuales combinaban de lujo con el sentido del plato.

Un poquito de barbacoa.

Para poner punto y seguido a esta comida, decidimos pedir unas costillas a la barbacoa, creo que fue una de las mejores ideas que tuvimos en el restaurante, porque las costillas eran tan sumamente delicadas que se deshacían en la boca nada más probarlas.

La salsa barbacoa estaba equilibrada perfectamente y con el punto tan tierno de la carne era como una auténtica explosión americana en tu boca, cerrabas los ojos al comértelas y parecía que estabas en el rancho del Tío Sam en Texas, degustando esa carne que te hacia volverte crazy.

El único fallo que tenían es que para ser cuatro personas me parecieron pocas jajajja, aunque ya llevábamos comida de más en nuestros estómagos, no me hubiera importado repetir.

El glorioso punto y Final.

Como siempre digo una buena comida no es nada sin un buen postre, en este caso dos, como no podía ser de otra manera en Sevilla, ¿Qué mejor postre en vísperas de semana santa que una torrija?

Pues eso, una torrija que acompañada de helado de vainilla y tiramisú me volvía a transportar a esa época en la que en mi casa se hacían torrijas, esa parte de mi niñez que disfrutaba comiendo ese postre como si no hubiera un mañana.

EL segundo postre no era muy partidario de pedirlo debido a su nombre “no la típica tarta de galleta y chocolate” porque no soy mucho de esos falsos nombres pero…..menuda sorpresa, un postre delicioso, desde su apariencia a su sabor, (parece la olla del oro de un duende de cuento jajaja).

Una auténtica delicia de chocolate, dulce de leche y galleta que te revienta en la boca dejándote el sabor por mucho tiempo, e incluso aunque te estés muriendo de sed no quieres beber agua para no desprenderte de ese magnífico regusto que te ha dejado el postre.

Critica final del Gastronomicón.

Comer en El Perro Viejo es sin duda un espectáculo, la comida esta deliciosa el lugar en el que se encuentra el restaurante no puede ser mejor, ni más típico. Todo lo que pueda decir en cuanto a los platos es francamente poco, mi recomendación es que vayáis a comer allí si estáis por Sevilla.

Pero eso sí, reservad antes de ir porque si no aunque estéis esperando los camareros a veces se cuelan un poco, es decir que no les importa mucho si habéis cogido numero o no, por que como tienen tanta clientela les da los mismo que se os cuelen, ellos se limitan a servir a quien este sentado sin preguntar, y cuando te quejas prácticamente te ignoran. Te quedas por la comida, pero no por la actitud en este tipo de actos.

En cuanto al restaurante, los precios son buenos y la decoración va muy bien con todo el tipo de comida, así que si vais a “El Perro Viejo”, disfrutad y acordaros de mí que no podré estar con vosotros, incluso os invito a que si vais me dejéis un comentario para darme envidia jajajaj.

Un saludo a todos y recordad la comida compartida en buena compañía siempre está mejor.

Pedro E Juzgado.

2 comentarios sobre “El Perro Viejo: Nuevo descubrimiento del gastronomicón

  1. Que lastima no haber sabido de este restaurante hace un par de semanas! Estuve en Sevilla y nos costo decidir donde ir a comer, buscamos en internet y no encontramos gran cosa, no comimos mal, pero ahora quiero comer en el Perro Viejo!! Jajaja muy chulo el articulo 😉

    1. Muchas gracias por tu comentario, el lugar es increible y la comida variada y deliciosa, espero que si vuelves por sevilla pares por aqui a comer te lo recomiendo de verdad, pero no te olvides de reservar que está siempre lleno, además hay otro lugar que tembien puedes probar y que a mi me encantó, se llama Torres Y García. Un saludo viajero

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