La Granjuela, un tesoro escondido en la sierra

Entre la sierra cordobesa, existe un lugar que parece escondido, un tesoro que se encuentra oculto para unos pocos pero del que otros tantos nos sentimos orgullosos, un pueblecito en un valle que ha sufrido mucho, en un esquina de ese valle sufridor se encuentra La Granjuela, un pueblo de 500 habitantes que es un rincón privilegiado.

La Granjuela y su historia.

Como siempre, antes de ir a un lugar o de contaros sobre el, primero tenemos que saber un poco de su historia, por eso aunque se trate de este lugar tan conocido para mi, quiero contaros un pedacito de esa historia.

El Origen del pueblo tiene diferentes versiones, la primera es que los primeros habitantes de La Granjuela, pertenecían a aquellos que huyeron del Comendador cuando ocurrió la tragedia de Fuente Obejuna, entonces aquellos que marcharon se refugiaron en un cortijo, dando lugar al primer asentamiento, que junto con las aldeas de Valsequillo, Los Blázquez, Los Prados y La Esparragosa formaron el municipio de Las Cinco Villas.

Esta teoría ha sido la más común hasta hace unos pocos de años, pero recientes descubrimientos han sacado a la luz una nueva teoría, la que se cree que es la más cierta de las dos.

Se han encontrado restos de una Villa Romana en un paraje cercano a la Granjuela, El Donadío Viejo, con lo que se ha investigado y se ha llegado a la conclusión de que La Granjuela, se originó como una Villa Romana, que servía de parada y descanso para los viajeros que hacían la Ruta Córdoba-Emérita Augusta.

En un cruce de caminos que, por sus características formó una aldea que con el tiempo se llenó de comerciantes y viajeros, a los que la ganadería y la agricultura comenzaron a descubrir un lugar mágico en un entorno privilegiado.

La Granjuela tiene otra historia, más triste y oscura, durante la guerra civil el triángulo formado por La Granjuela, Valsequillo y Los Blázquez fue un frente importantísimo de esta guerra, ya que por su situación quien controlara esta zona controlaba las mercancías que daban abastecimiento a su bando, por esta razón los combates en la zona fueron de tal magnitud que dejaron el pueblo completamente destrozado.

Cabe destacar que Robert Capa, hizo un reportaje de la guerra totalmente de esta zona, dando a conocer muchas de las atrocidades que aquí se cometieron hasta tal punto que gran parte de las fotografías contenidas en la famosa Maleta Mexicana.

Pero además de eso se conoce la existencia de un campo de concentración de presos que se situaba en esta villa, y de la cual hay una placa conmemorativa en la plaza del pueblo, dando lugar a un reconocimiento de la ley de memoria histórica

Todas estas características han formado el carácter de los Granjueleños, convirtiéndose en un pueblo acogedor y tranquilo, que trata al visitante como a uno de los suyos y lo brinda con una hospitalidad y familiaridad pocas veces vista por la zona.

El sitio de mi recreo.

En realidad hacer este post no es fácil para mi pues como sabéis nadie es profeta en su tierra, y más sabiendo que este proyecto que emprendí no es muy común en un pueblo tan pequeño, solo somos 500 habitantes (redondeando por lo alto).

Voy a elegir estas estrofas de la canción de Antonio Vega por que reflejan gran parte de lo que es La Granjuela: “Viento que en su murmullo parece hablar, mueve el mundo y con gracia le ves bailar y con él el escenario de mi hogar, Mar bandeja de plata, mar infernal, Es un temperamento natural, poco o nada cuesta ser uno más.”

Bajo mi punto de vista, La Granjuela es un patio de recreo gigante, un lugar en el que sentirte uno más no es difícil, un pueblo que te llena cada vez que lo visitas y que te regala un entorno espectacular.

Pero más allá del entorno de que después os hablaré, quiero hablar un poco de sentimientos, saber que volver a La Granjuela y reencontrarte con todas aquellas personas con las que has compartido tantas cosas y sorprenderte de que es como si el tiempo no hubiera pasado es una sensación increíble.

Te sientas en la plaza en los bancos de toda la vida, y las historias de aquellos tiempos comienzan a sonar, mientras las anécdotas y las risas inundan el ambiente entre los cantos de los pájaros y las buenas tardes de alguna persona mayor que pasa por nuestro lado.

Los niños que juegan al fútbol en la plaza y reciben las riñas de los mayores para que tengan más cuidado te tele-transporta a esa época en la que tú jugabas y ocurría exactamente lo mismo, esa sencilla nostalgia que no se puede comprar.

Ser de La Granjuela.

Ser de la Granjuela es ser Granjueleños de pueblo y a mucha Honra, nos encantan las cervecitas en el bar, hablar a voces y reírnos a grandes carcajadas y si, también comer gachas en el día de los santos e incluso echarlas en las puertas como manda la tradición.

También nos gusta nuestra feria, y la verbena de nuestra Romería, disfrutar de la feria chica con todos nuestros paisanos y claro está, estar juntos todos (somos un pueblo pequeño así que eso es fácil)

Pero también nos encanta fijarnos en los detalles, sentarnos en la plaza a ver a ese “forastero” que ha llegado e intentar descubrir sin preguntarle cosas de su vida, si también somos un poco cotillas y como por aquí se dice alcahuetes. Eso es algo que va dentro de nosotros (aunque digamos que no)

Pero en medio de todo esto hay algo que me pone triste: no sabemos valorar lo que tenemos. Somos un pueblo rico en patrimonio natural, en cultura, tradiciones y en gastronomía. Aunque nuestra arquitectura no es impresionante, por que como he dicho el pueblo fue destruido por la guerra, tenemos puntos singulares como la Iglesia de nuestra señora del valle o la ermita de San Isidro.

Pero no, no vemos lo que tenemos, cada vez que salgo con la cámara o con el móvil a hacer fotos como en este caso para el blog notaba las miradas de la gente como pensando que hace haciendo fotos a las calles del pueblo…y la respuesta era sencilla, intentar enseñar al mundo el lugar en el que vivo.

Y es que tenemos mucho que enseñar y mostrar, pero sobre todo tenemos naturaleza y gastronomía, ahí es donde nos podemos hacer muy fuertes.

Pequeños Placeres de La Granjuela.

Senderismo

El encanto de este pueblo radica en los pequeños placeres, como por ejemplo disfrutar de los campos que rodean al pueblo, haciendo sus magníficas rutas de senderismo de las que soy un gran aficionado.

Para mí no hay mejor forma de desconectar que dar un largo paseo por la ruta de las Asperillas, y subir hacia el paraje conocido como Las Peñas Altas, donde sentado tranquilamente puedo disfrutar de uno de los atardeceres más bonitos que he visto.

La mezcla de colores del rojo al violeta es impresionante en unos cielos tan limpios que deberían ser patrimonio de la Humanidad.

A parte de esas rutas, en invierno el pueblo de La Granjuela se convierte en escenario de la migración de grullas, en esos días el lugar resuena con los cantos de estas aves que pasan por la zona creando una espectacular imagen en los cielos y en los campos.

Para mí, cuando puedo acercarme a verlas es un espectáculo muy gratificante, ver que estas aves de gran envergadura aterrizan y se alimentan con los frutos de las encinas junto a la carretera que nos lleva a Fuente Obejuna.

Esta zona es una zona ZEPA, donde estos animales y además las Avutardas de las que tenemos una colonia residente disfrutan de los campos al igual que nosotros.

Al llegar la primavera, los campos se vuelven verdes y entonces esos paseos se convierten en mágicos momentos que se disfrutan más si cabe, contemplando a las Avutardas en sus cortejos haciendo lo que comúnmente se conoce como la rueda.

Pero más allá de los campos y las rutas de senderismo, podemos disfrutar de un centro de interpretación de la ZEPA, en el que se nos informa de todas las aves que tenemos en la zona y además del entorno natural tan rico que tenemos en  La Granjuela.

Gastronomía de La Granjuela.

Otro de los grandes atractivos que tiene La Granjuela es su gastronomía, puedo decir sin equivocarme que es uno de los mejores lugares (sino el mejor) para comer en toda la comarca del valle del Guadiato.

Los dos Bares-Restaurantes que tenemos en la zona tienen una amplia oferta gastronómica en la que podemos destacar nuestro plato más típico, el lechón en adobo, el cual es una de nuestras señas de identidad.

A finales de Junio, La Granjuela celebra una feria dedicada a la tapa de lechón y Lomo de orza, en la que normalmente se detallan las recetas de la gastronomía típica Granjueleña.

Además de estos platos típicos podemos consumir también los dulces caseros que son muy típicos de la localidad, como son las flores, roscos y por supuesto nuestra rosca de fideos, que es símbolo de las celebraciones como la Romería, donde los nietos ayudan a sus abuelas en la fabricación de este exquisito dulce.

Esta rosca de fideos tiene una historia que recientemente llegó a mis oídos, resulta que es un dulce de origen Italiano “Struffoli”, pero por alguna razón se convirtió en dulce típico Granjueleño, quien sabe si muchos años atrás algún italiano llegó a la zona y dejo la semilla de nuestro dulce típico, que ha prosperado y crecido tanto que se ha convertido en lo que ahora es.

La Granjuela como Pueblo

Cuando comienzas a descubrir La Granjuela te das cuenta de que es un pueblo bastante singular, la vida en los meses de verano se hace alrededor de la plaza, es un punto de encuentro de todas las generaciones, que pasan su tiempo en ella.

En los meses de invierno todo es un poco más triste y vacío, por las calles encuentras una tranquilidad que no se interrumpe salvo en los fines de semana y si te decides a pasear en estos meses por la noche, no veras a nadie que ande por la calle.

Pero con la primavera las cosas comienzan a cambiar y la gente sale a recibir los primeros rayos del sol, se comienza (al igual que con las flores) a sentir la vida del pueblo.

Es en estos meses cuando comienzan las celebraciones y con ellas una de las tradiciones que llevan mucho tiempo celebrándose, como el juego del cantarillo cada día de Andalucía, un juego que se hacia con los cantaros viejos de recoger el agua y servia para pasar un rato divertido.

Es entonces cuando la actividad se multiplica y las celebraciones comienzan a despertar, ya no se para hasta septiembre, todo comienza con la semana cultural y las cruces de mayo.

Es últimamente cuando es estas fechas se ha comenzado a instalar un Patio Cordobés en la callejuela clara Campoamor que ha sido varias veces galardonado con premios y es desde este momento cuando la mayoría de los turistas comienzan a llegar.

Siempre pensaré lo mismo por muy lejos que me vaya siempre se que querré volver, es el lugar favorito de aquellos que se van y el que lo visita siempre vuelve.

Será por sus atardeceres, sus gentes y sus colores que llenan de vida los meses de verano. La Granjuela es un pueblo de ensueño que al ser tan pequeño posee una cultura increíble de la que disfrutar cada mes del año.

No puedo ni imaginar el no regresar al pueblo, el no poder volver a pasear por sus campos ni escuchar el ruido de sus arroyos en invierno, sentarme en las peñas altas a contemplar ese maravilloso atardecer que te deja sin palabras.

Ver amanecer en la sierra Noria con mis amigos como cuando éramos niños mientras las risas inundan el monte. Salir en invierno a ver la llegada de las grullas o sentarme en los miradores de la ZEPA a contemplar el cortejo de las avutardas.

 

Mirar desde la plaza a los abuelos jugar con sus nietos mientras algún que otro niño hace una trastada y recibe las riñas de cualquier vecino sin que nadie le diga nada por ello, y sin sentirse extraño tan solo por venir una vez al año.

La Granjuela tiene esa idiosincrasia de pueblo abierto pero a la vez antiguo, que ha sabido reponerse a todas y cada una de las circunstancias que ha vivido, desde su destrucción en la guerra hasta las últimas crisis, ahí sigue como su vieja estación, aguantando el paso del tiempo.

Mostrando su carácter a los pueblos vecinos y convirtiéndose poco a poco en referente del valle del Guadiato, un pueblo con una historia que sabe adaptarse a los tiempos modernos.

Por eso hablar de La Granjuela es para mí muy difícil, porque soy de aquí, y aunque me vaya seguiré siendo de aquí porque es el lugar en el que me siento como uno más, y tanto para los bueno como para lo malo sigue y seguirá siendo Mi Pueblo.

Déjame disfrutar un poco más de tus colores, tus ruidos y tu naturaleza, de tus gentes que poco a poco se van marchando y de tu ritmo tranquilo de vida, de ese atardecer rojo y violeta que cada tarde se repite, de los amaneceres en la sierra Noria, de tus costumbres y tradiciones, pero lo más importante déjame regresar un última vez.

“un saludo y nos vemos en el camino”

Pedro E. Juzgado.